Hay que determinar la cronología de la enfermedad.
Esto se puede conseguir preguntando: "cómo y cuándo empezó" o "cuándo notó por primera vez que algo iba mal" o "cuándo estuvo bien por última vez".
En primer lugar, debe indicarse cuándo fue la última vez que el paciente se encontró perfectamente. A continuación, deben describirse los síntomas por orden cronológico de aparición. Debe registrarse tanto la fecha real de aparición como el tiempo transcurrido antes del ingreso. Los síntomas nunca deben fecharse por el día de la semana, ya que posteriormente carecen de sentido. A continuación se describirá detalladamente cada síntoma, para lo cual se utilizarán las propias palabras del paciente.
Evite utilizar un lenguaje técnico al describir los antecedentes del paciente. No diga "el paciente se quejaba de melaena", sino "el paciente se quejaba de evacuaciones líquidas de color negro".
Por lo general, todos los síntomas deben describirse detalladamente, sean o no aparentemente relevantes. Cuando el paciente no pueda dar una descripción adecuada o fiable, la información necesaria debe obtenerse de amigos o familiares. Debe indicarse la fuente de la información.
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