El comportamiento suicida hace referencia a una serie de conductas que incluyen: pensar en el suicidio (o ideación), planificar el suicidio, intentar suicidarse y el suicidio en sí. A menudo se desarrolla de forma escalonada, con una ideación y una planificación cada vez más específicas que superan la ambivalencia y hacen que el individuo esté cada vez más decidido.
Una vez que la ideación suicida se hace más específica, los pacientes pueden desarrollar un "síndrome presuicida" caracterizado por:
- sentimientos de desesperanza, autoculpabilidad, de sentirse solo e incomprendido
- rumiaciones negativas, autocompasión
- inactividad y retraimiento social
- agresividad inhibida dirigida hacia uno mismo (autoagresión)
- fantasías y planes suicidas
- disforia
- síntomas somáticos, problemas de sueño, fatiga y pérdida de apetito
La presencia de un síndrome presuicida debería ser una señal de alarma. Sin embargo, puede serlo menos en niños y adolescentes, en los que el suicidio impulsivo es más frecuente en comparación con los adultos.
Una vez que la persona decide suicidarse puede estar menos agitada y mostrar signos de estar más estable. Esto puede llevar a los clínicos a subestimar el riesgo de suicidio de esa persona en particular (1,2).
Referencia:
- Rey JM. IACAPAP e-Textbook of Child and Adolescent Mental Health. Ginebra. Asociación Internacional de Psiquiatría del Niño y del Adolescente y Profesiones Afines 2015.
- Horowitz LM, Ryan PC, Wei AX, Boudreaux ED, Ackerman JP, Bridge JA. Screening and Assessing Suicide Risk in Medical Settings: Estrategias factibles para la detección temprana. Focus (Am Psychiatr Publ). 2023 Abr;21(2):145-151
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